martes, 12 de abril de 2016

El ciclo neoliberal en la Argentina.

Nota:


PRESENTACIÓN DE LOS TRABAJOS PRACTICOS

     

T      Confeccionados en computadora.

T      T  Tamaño  A4 ;   Letra  ARIAL  12  justificada –

T      Deben contener:

      1.-Portada: Colegio, Nivel : Educación Secundaria Básica  o Modalidad, 

Área o Espacio Curricular,  Profesor,  Título del trabajo, Alumno, Curso,

Fecha de entrega.

2.- Pautas de trabajo.

3.- Introducción: presentación del tema.

4.- Desarrollo

5.- Conclusiones

6.- Bibliografía *

7.- Glosario

8.- Indice

*Citación bibliográfica:



Autor, (año) Título ( negrita cursiva)  Subtítulo,  Editorial, Lugar de edición, reimpresión





La asistencialización de la política social y las condiciones para el desarrollo del trabajo social




U.B.A :Estela Grassi

Norberto Alayón





La última década del siglo XX fue, para Argentina, un período de profunda transformación social y político-cultural. Ella alumbró una sociedad más pobre, pero fundamentalmente, más desigual; y un Estado (su expresión política), más subordinado al poder exterior y más decididamente clasista, por su capacidad de instrumentar y legalizar la sistemática expropiación de los derechos del trabajo, a los que se articuló el desarrollo de los derechos sociales en este país.



Si los años de la última dictadura militar (1976-1983) iniciaron el ciclo regresivo al paralizar la participación social, crear las condiciones para un endeudamiento externo que desde entonces no dejó de crecer y abrir las puertas al poder de intervención interna de los organismos internacionales; fue el gobierno democráticamente elegido, que condujo el Estado entre 1989 y 1999, el que logró instalar y consolidar, conciente y voluntariamente, el proyecto político del neoliberalismo,  produciendo, por ese camino, la más extraordinaria catástrofe social. Un país productor de alimentos, con importantes recursos energéticos, con altas tasas de ocupación, terminó con más de la mitad de su población en situación de pobreza (una parte importante de ella, sin capacidad de cubrir las mínimas necesidades alimentarias) y con índices de desocupación abierta de alrededor del 20% de la PEA(Población Económicamente Activa). Pero, aún más significativas son las condiciones de empleo: de los ocupados, la gran mayoría lo está en condiciones de máxima precariedad, con ingresos que explican buena parte de la indigencia y carentes de protecciones sociales que reemplacen los perdidos derechos del trabajo.



Entendemos que la Política Social no es simple acompañamiento o consecuencia de un modelo económico, sino que expresa cabalmente el sentido general de un proyecto político y realiza activamente los valores sociales que el mismo conlleva. La sistemática crítica ideológica y la desarticulación (formal o por omisión de la acción estatal) de las normas e instituciones protectoras del trabajo, se reemplazó paulatinamente por la institucionalización de una política asistencial dirigida a atender la emergencia, materializada en planes y programas focalizados y efímeros, que sustituyen derechos básicos asociados a un Estado moderno (igualdad de acceso a los recursos necesarios para satisfacer las necesidades que se derivan del desarrollo alcanzado por la humanidad) por asignaciones miserables que terminaron, además, con la dignidad de un trabajo socialmente necesario, al exigirse contraprestaciones de tareas a veces inútiles, cuando no usadas por el clientelismo político.



1-Observa el siguiente video: extrae conclusiones.


https://www.youtube.com/watch?v=Fu16WKw0gr8


2- En el mismo período que ocurría el tema de muchas “Barbaritas” , el presidente daba discursos como este-Extrae conclusiones: 


En este artículo presentamos, en primer lugar, una breve reseña referida al ciclo de la hegemonía neoliberal en la Argentina, que es el contexto que hace comprensible el estado y los términos con los que se presenta la cuestión social en este país, así como la evolución de los indicadores de la desigualdad social en el último cuarto de siglo. Presentamos luego una sintética descripción de los principales planes de política de asistencia social a la pobreza, desarrollados a lo largo del período, porque es esta política la que pone en evidencia el sentido general de la política social en cuyo conjunto adquirieron un mayor peso relativo (inédito en la historia del Estado argentino, como inédita es la dimensión de la pobreza y la brecha de desigualdad). Sin embargo, si es la política de asistencia la que “pone en evidencia”, la explicación hay que buscarla en la política laboral, la que, dados los objetivos de este artículo, únicamente es enunciada en el texto. Por último, analizamos dicho proceso de asistencialización de la política social y su significación en la constitución de la sociedad neoliberal. Discutimos allí acerca del reemplazo de los derechos sociales por la asistencia más o menos efímera, contraponiéndola al derecho a la asistenciacuando las condiciones exigen asumir colectiva y orgánicamente la seguridad de la reproducción del conjunto de los miembros de la comunidad política que es la nación. Cabe, entonces, advertir que el análisis de la orientación de la política que hacemos en este artículo corresponde a un ciclo político que estalló en 2001, cuyas consecuencias socio-económicas y culturales son las que describimos en este texto. El proceso político posterior dio lugar a un proyecto de reorientación social del Estado que permite vislumbrar políticas alternativas. Aquellas condiciones y el nuevo contexto constituyen el escenario que se plantea para el desarrollo de un trabajo social crítico, que sea capaz de proponer y desarrollar programas integrados de políticas sociales.





El ciclo de la hegemonía neoliberal en la Argentina



El ciclo neoliberal en la Argentina tuvo su inicio con la dictadura militar que ocupó el gobierno de la Nación en marzo de 1976, sostenida en una ideología tradicionalista y autoritaria arraigada en sectores de la iglesia y las fuerzas armadas, en el poder represivo de éstas y en la tradicional ideología libremercadista de los grupos políticos que expresaban los intereses de las oligarquías locales. El contexto ideológico internacional, que alumbraba las políticas neoliberales y la crítica al Estado de Bienestar, coadyuvó, a su vez, para que la segunda mitad de los años setenta fueran años perdidos —más aún, de retroceso— para el país: el terrorismo de Estado obstruyó la vida política y, consecuentemente, el debate y la reflexión social, al mismo tiempo que la Nación se endeudaba y sus instituciones políticas perdían autonomía, al abrirse las puertas al poder efectivo de los organismos internacionales, principalmente el Fondo Monetario Internacional, que desde entonces y de manera creciente imponen la definición de los problemas y las prioridades a la hora de tomar decisiones en el Estado.



Desde ese momento comenzaron a revertirse, con un sentido negativo, los principales indicadores socio-económicos que hacían de la Argentina un país relativamente homogéneo: la informalización del empleo fue el primer signo y desnudó, además, las limitaciones de los sistemas de protección de los trabajadores; y, aunque negado por el discurso autoritario, el crecimiento de la pobreza se hizo patente, marcando el final del mito de la Argentina igualitaria, sin hambre ni desocupados.



El ciclo democrático se restableció en 1983. El primer presidente elegido democráticamente en esa oportunidad, Raúl Alfonsín, creyó que enfrentaba una crisis transitoria, consecuencia inmediata de un mal gobierno de la dictadura. Pero entonces estalló la crisis de la deuda externa en América Latina y los valores de la sociedad del trabajo y del bienestar para todos que Alfonsín expresaba en su discurso político, ya habían sido profundamente erosionados por la crítica neoliberal promovida desde los países centrales, principalmente los Estados Unidos e Inglaterra. Por estas condiciones relacionadas con el exterior, el poder ejercido por las corporaciones económicas fortalecidas durante la dictadura (Azpiazu, 1997), la persistencia de grupos autoritarios y la sistemática oposición al gobierno del poderoso movimiento sindical de filiación peronista, los ochenta fueron años perdidos. La década terminó con un Producto Bruto Interno negativo y con casi el cuarenta por ciento de la población por debajo de la línea de pobreza, producto de un proceso inflacionario desbocado, que se acercó al 5.000 %; una inexorable tendencia a la baja de la población cubierta por la seguridad social; y el más profundo descrédito de las instituciones del Estado. La situación se tornó socialmente explosiva: mientras los sectores dominantes precipitaban el desquicio de la economía, con lo que se daba en llamar “colchones de precios”, los pobres se precipitaban a una ola de saqueos a los supermercados ante la desesperante crisis alimentaria



La hiperinflación desatada en 1988-90 dejó una sociedad inerme y, finalmente, permeable al discurso neoliberal de la crisis, que abrazó con fervor el presidente elegido en 1989, Carlos Menem, representante del Partido Justicialista. Su condición de peronista (entre otras cuestiones) hizo posible la materialización en un proyecto político y en una política de Estado, del discurso que afirmaba la ineficiencia del mismo y que encontraba en sus intervenciones (principalmente sociales y de protección de los trabajadores) la causa del estancamiento económico y de la “crisis hiperinflacionaria”, al entender que tales protecciones desincentivaban las inversiones de capital y socavaban la voluntad de trabajo de los asalariados. Además, la ampliación de las funciones económicas del Estado, con el desarrollo de empresas estatales de servicios y productoras de energía, habría conducido a desvirtuar el funcionamiento de los mercados y dado lugar al crecimiento desmesurado de los aparatos burocráticos de regulación. A su vez, la seguridad social, los consumos colectivos y las políticas sociales universales (entre ellas, las de educación y salud)habrían sido los responsables del incremento de los gastos fiscales a un nivel imposible de solventar sin exceder la presión tributaria sobre el sector productivo o generar inflación.



Siendo ese el diagnóstico socio-político y económico, se impuso como objetivo prioritario (e inalcanzable) de la política reducir los gastos fiscales: los ajustes, traducidos en reasignaciones y recortes presupuestarios, fueron el eje de la política de Estado que concretó la más fabulosa redistribución regresiva de la riqueza, como lo muestran la ampliación de la brecha de ingresos en más del 30 % (tomando como referencia la ya considerable distancia que había dejado la dictadura) y los índices de la pobreza y la indigencia, como veremos enseguida. En nombre de la racionalidad del gasto en el Estado, se restringieron sistemáticamente las inversiones y el financiamiento de servicios públicos fundamentales como la salud, la seguridad e infraestructura pública, la educación y la investigación científica. La política seguida en materia de personal estatal condujo a un uso abusivo de contratos de locación de servicios que precarizaron el empleo público, profundizaron su desprofesionalización y favorecieron las relaciones clientelares. Los servicios públicos fueron privatizados en su totalidad. Y en materia de políticas sociales, ocurrió lo propio con la seguridad social. El sistema previsional se privatizó con el objetivo explícito de abrir un nuevo mercado de capitales, del que son beneficiarias las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP). La retórica de la campaña por su reforma incluía la necesidad de bajar los gastos del Estado en  jubilaciones y pensiones y una consecuente mejora de los haberes de los ya jubilados. Sin embargo, la privatización del sistema condujo a un mayor desequilibrio de las cuentas del Estado, al privar a las arcas públicas de buena parte de los aportes previsionales, que se transformaron en  seguros de retiro administrados por las nuevas compañías privadas.



La noción de “crisis” se había instalado en el sentido común como un fenómeno ajeno a la voluntad y a las decisiones políticas, por lo que dejaba poco margen para comprender el juego de poder en el que se imponían y definían los problemas y las prioridades políticas y se decidían los caminos de acción. Sobre toda otra consideración, estos caminos se orientaron a asegurarle los márgenes de ganancia a las inversiones del capital más concentrado y a asegurar el pago de los intereses de la deuda externa. Era requisito, entonces, el disciplinamiento de  la fuerza de trabajo, por razones políticas, como estrictamente económicas.



Los medios normativos principales para el logro de estos objetivos fueron algunas leyes madre que aprobó el Congreso Nacional a principio del gobierno de Carlos Menem: la Ley de Emergencia Económica, que permitió la privatización de las empresas públicas casi sin controles; la Ley de Desregulación de la Economía; y la finalmente, la Ley de Convertibilidad Monetaria que fundó el modelo económico vigente hasta 2002. En materia laboral, la política fue tras las exigencias de los organismos de crédito, entre las que figuró sistemáticamente la reforma de las leyes para flexibilizar el empleo y bajar los costos laborales. El tema permaneció en la agenda política durante toda la década de 1990: la primera nueva Ley Nacional de Empleo fue sancionada en 1991 y la última Ley Nacional del Empleo Estable (N° 25.250), en 2000, pasando por varias reformas a lo largo de estos años. Sin embargo, más allá de la letra de estas normas —que no siempre resultó en los contenidos deseados por sus impulsores—, la política laboral se propuso los objetivos de adaptar la mano de obra a una supuesta demanda de alta calificación, hacer más flexible el uso de la fuerza de trabajo y reducir el costo laboral, tras la consigna de lamodernización de las relaciones laborales. Cada uno de estos objetivos debía hacer más competitiva la producción local e incentivar la creación de nuevos puestos de empleo a fin de disminuir la desocupación. El resultado concreto fue una baja en el nivel de los salarios, la extensión de hecho de la jornada laboral, un aumento sostenido de la precariedad de los contratos y la consolidación del fenómeno del empleo no registrado y sin protección, todo junto a un sostenido aumento del desempleo, la subocupación y el sobre-empleo (Grassi, 2003; Lindenboim, 2002; González, 2002).



Tanto la inseguridad en el empleo como la baja en el nivel de ingresos de los hogares empujaron naturalmente a una mayor oferta de mano de obra, creando presión sobre el mercado de trabajo; al mismo tiempo, la posibilidad de un uso más intenso y prolongado favoreció la constricción de los puestos y no su ampliación. La flexibilidad resultó en una noción equívoca, pues se trató en concreto de una mayor dependencia del empleo para la sobrevivencia y de condiciones más rígidas impuestas por las normas y por el mercado respectivo, que limitaron fuertemente las reivindicaciones de los trabajadores, de lo que el bajo nivel de salarios es un indicador.



Si la concepción libremercadista no lo justificaba por sí, la radicalidad ideológica de los principales ejecutores de estas políticas en la Argentina y la desaprensión  en el manejo de los asuntos públicos que caracterizó al gobierno de Carlos Menem (1989-1999) potenciaron la regresividad social y económica de las decisiones tomadas.



Los términos de la cuestión social en la Argentina y los indicadores de la crisis de reproducción social



Sin duda, los indicadores socio-económicos de mayor relevancia e impacto político-cultural en las últimas décadas de la historia argentina, son los de “pobreza” y de “desocupación”. Con toda claridad, sus magnitudes dan la imagen de una sociedad que no estaba en las expectativas de los argentinos ni en los planes de ninguno de los proyectos de nación más o menos delineados a lo largo del siglo XX, que orientaron el sentido común social y las políticas de estado hasta la crisis política de los años 70.



El Plan de Convertibilidad del Ministerio de Economía, puesto en marcha en 1991, logró el control de la inflación y la estabilización de los precios y permitió la recuperación del PBI, cuyo creciminto fue importante hasta 1997. Sin embargo, durante ese mismo período, la tasa de empleo se mantuvo estable primero y luego inició una caída que no pudo recuperarse hasta la fecha. En los años más críticos (1994-1995), no solamente se restringió el ingreso de nuevos trabajadores que se incorporaban a la PEA, sino que se perdieron puestos existentes, principalmente aquellos de tiempo completo y protegidos. Entonces la desocupación abierta alcanzó por primera vez los dos dígitos (fue del 13% en octubre de 1994 y alcanzó al 17,3% de la PEA al año siguiente).






¿Podés entender desde donde arrancaba todo?  Describí tu percepción-





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Hasta entonces, el “problema social” que movilizaba las acciones sociales del Estado y de la nueva filantropía, se condensaba en “la pobreza”, definida en unos términos que desvinculaban las condiciones de vida de la población, de las condiciones de la economía, del mercado de trabajo y del empleo. En los términos que hegemonizaban el discurso político de entonces, la economía (que crecía) mostraba el éxito del modelo, el mercado de trabajo daba señas –como cualquier mercado- de los ajustes automáticos; y las condiciones del empleo resultaban problemáticas para la competitividad de la economía, porque las regulaciones (perimidas, desde ese punto de vista) encarecían el trabajo. Hasta ahí se trataba de “modernizar” las relaciones laborales y adaptar la fuerza de trabajo a nuevas demandas del mercado, en términos de capacidades, disposiciones y flexibilidad para su contratación. Como está dicho antes, en la pobreza se contaba a los pobres de siempre y a los “nuevos pobres” que, de acuerdo al supuesto ideológico de la "teoría del derrame", eran definidos por los políticos locales como las “víctimas del ajuste” económico necesario para crecer y “después” distribuir. En el contexto de ese discurso ideológico, la pobrezaresultaba un fenómeno deshistorizado, que podía describirse y caracterizarse por la enumeración de las carencias del sujeto carenciado o pobre, elegible como merecedor de la asistencia estatal. Los criterios de la descripción permitían, simultáneamente, “clasificar” a los pobres y focalizar las políticas (por carencias, por grado de vulnerabilidad, etc.). Carencia de bienes, servicios y recursos en general para la supervivencia, de educación, de capital cultural, de disposiciones o aspiraciones, de poder y, al final,  hasta de trabajo y de normas, en una vuelta de sentido común a la anomia durkheniana, completaron las definiciones de la heterogénea pobreza de los 90.



Es decir que, a pesar del bajo nivel de los ingresos entre el sector cada vez más numeroso de trabajadores precarios y empleados no registrados, de la falta de cobertura para la atención de la salud, la pérdida de aportes previsionales (jubilatorios y por riesgos del trabajo), además del desempleo abierto, éste comenzó a tomar carácter de “problema social” recién cuando los índices que registraban el bajo nivel de ocupación eran presentados por la prensa en titulares de catástrofe. La pobreza comenzó, entonces, a ser asociada al trabajo. Pero no a las condiciones de la ocupación expresadas en los indicadores señalados, sino como otra carencia del sujeto pobre: la “falta” de trabajo. Falta asociada a sus propias características (esto es, sus otras carencias, como la educación, el capital cultural, la flexibilidad necesaria para adaptarse a los cambios tecnológicos y organizacionales) que lo hacían “inempleable”. El trabajo fue puesto, entonces, en el centro de la escena social y ya no sólo de la economía. Ahora el trabajo mereció un tratamiento abstracto y a-histórico: desprendido de la producción, fue constituido en una necesidad del sujeto y se  revitalizó la concepción reificada que concibe al trabajo como condición de humanización por sí mismo y sin consideración de las relaciones en cuyo marco se realizan las capacidades humanas de producción de la riqueza, de su distribución y de los objetivos de la misma.



Como consecuencia, “tener trabajo” devino el principal requisito para superar el estado de carencias varias de tal sujeto, y “dar trabajo”, en una acción unilateral de “buena voluntad” para el eventual empleador. Esto, a pesar de los numerosos estudios que mostraban que entre “los pobres” no sólo había desocupados, sino también empleados formales, trabajadores precarios y, aún, beneficiarios de la seguridad social, como es el caso de la mayor proporción de jubilados cuyos ingresos quedaron fijados por debajo de la línea de pobreza.



Si estos eran los términos más o menos explícitos en los que se problematizó la cuestión social bajo la hegemonía del neoliberalismo en Argentina, los indicadores que registran y cuantifican la situación social, daban cuenta que los hogares cuyos ingresos no garantizan su reproducción según estándares razonables de consumo y acceso a servicios, aunque con altibajos, habían adquirido un peso estadístico tal, que permitían caracterizar a la argentina como una sociedad de creciente desigualdad.



Tal como mostraron numerosos estudios referidos al tema (Murmis y Feldman, 1992) luego del pico de 1989, cuando casi la mitad de la población era pobre, la situación mejoró hasta 1994 por efecto del control de la hiperinflación, su impacto en el consumo y el retorno del crédito para estos efectos. Luego de que la crisis originada en México el fin de ese año afectara la economía local, la pobreza volvió a aumentar de manera sostenida hasta damnificar a la mitad de la población. En mayo de 1995 el 22,2 % de la población se hallaba bajo de la línea de pobreza (5,7 % eran técnicamente indigentes; es decir, no tenían ingresos para cubrir las necesidades alimentarias mínimas); en mayo de 1997, 26,3 % eran pobres (e indigentes, el 5,7 %); en mayo de 2001 los pobres ascendían al 32,7 % (el 10,3, indigentes). Y en plena crisis (octubre de 2002) la Encuesta Permanente de Hogares arrojaba que un 42.3% de hogares del Gran Buenos Aires se hallaba bajo de la línea de pobreza; allí estaban comprendidas 6.672.000 personas (el 54.3% de los habitantes de este aglomerado). Un tercio estaba en situación de indigencia. Este último es el dato que ilustra (hasta donde es posible con la distancia de un índice) la profundidad que alcanzara la crisis de sobrevivencia en el país, ya que en algunas regiones, como la del Noreste argentino, el 26,8 % de sus habitantes no tenía ingresos suficientes para cubrir necesidades alimentarias básicas. Las estrategias de sobrevivencia en estas condiciones, al límite de la vida, apenas se conocen por el despliegue de las variadas actividades que son públicas en las zonas urbanas (la recuperación de alimentos desechados, el limosneo), u otras —no legales y que conllevan aún mayor peligro— apenas atisbadas por los profesionales que prestan servicios educativos o sociales, pasando por una compleja relación con los planes sociales de asistencia y con la actividad local de los partidos políticos. Por su parte, la caza, la pesca, la recolección y la producción campesina de subsistencia son los recursos posibles en regiones rurales o poco urbanizadas.



Desde el punto de vista social, el resultado final del período de recuperación económica fue más negativo que la llamada “década perdida” de los 80. Habiendo crecido la producción de riqueza de manera significativa hasta 1998, estos valores indican su apropiación desigual. Es decir, lejos de ser un problema meramente económico, la cuestión es de orden político-normativo. Son las instituciones del estado neoliberal las que instalaron y han sostenido la vulnerabilidad de las clases trabajadoras.



En cuanto a la desocupación, el mismo año 1995 fue, también, fatídico. La medición de mayo indicaba que había alcanzado al 20% de la población activa, lo que equivalía a más del doble que a principios de la década. En el mismo período había aumentado la productividad por obrero y por hora de trabajo, habían caído las remuneraciones y se extendió de hecho la jornada laboral. En los años posteriores el desempleo se estabilizó en los “valores normales” del 15 %, pero según la información oficial, el 80 % de los puestos nuevos que se crearon fueron de duración predeterminada; y del total de la fuerza laboral, el 11 % estaba “a prueba” según alguna modalidad de contratos promovidos establecidos por la Ley de 1995 de Promoción del Empleo. La crisis de diciembre de 2001,llevó nuevamente este índice hasta el 22% al año siguiente, en el Aglomerado del Gran Buenos Aires y la situación nunca fue mejor en el resto del país, aunque con importantes oscilaciones entre regiones y provincias.



Junto a estos niveles de desocupación, se consolidó la tendencia a sobre-ocupar la fuerza de trabajo. En octubre de 2001, la proporción de la fuerza laboral que trabajaba por encima de la jornada de 45 horas era similar a la que estaba subocupada más la desocupada (superior al 31%), y también a la que trabajaba una jornada normal. Esto equivalía a 3.080.150 de personas sobreocupadas, 3.409.272, con problemas de falta de trabajo y 3.058.552 ocupadas en una jornada normal. Del total de sobreocupados, 2.024.049 trabajaban entre 46 y 61 horas a la semana y 1.045.821 personas tenían una semana laboral aún más extensa, lo que en términos cotidianos significa que alrededor de nueve horas de todos los días de su vida eran horas dispuestas para trabajar. Al año siguiente y en plena crisis, aunque disminuyó la sobre-ocupación, se mantuvo igualmente por encima de la subocupación, que su vez aumentó un 65%; y de la desocupada, que también se expandió en un 41%. La amplia mayoría de estas personas son asalariados; como la multi-ocupación compromete a una porción relativamente pequeña (poco más de 330.000), se entiende que la sobreocupación se da mayormente en un único empleo.



En relación con la actividad global y el tiempo de vida en actividad, a lo largo de este período se dieron dos fenómenos: un crecimiento global de la tasa de actividad de la población, que pasó de 39 % en 1985 a alrededor de 45 % en 1997, nivel en el que se mantiene en la actualidad. Y un engrosamiento del grupo que compone la edad límite de permanencia como activo en el mercado de trabajo: en 1985 la tasa de actividad de la cohorte de 50-64 era de  49,4 %; en 1995, 59,5; en 1997, de 63 % ;  en 1999, de 65.2 %; y en 2001 alcanzó a  67.2%, valor que se reitera casi idéntico en la última medición de octubre de 2002: el 67,5%.



Estos datos permiten concluir que en la Argentina, al final de la ola liberalizadora, hay cada vez más personas que durante más tiempo y en jornadas más extensas están trabajando, es decir, dedicadas a procurarse el sustento y el abrigo. Una parte está efectivamente ocupada y otra, simplemente disponible. Una parte, cada vez menos, obtiene ingresos suficientes y está protegida, aunque cada vez más insegura en su puesto de trabajo; otra, sobrevive con ingresos que no cubren sus necesidades, en muchos casos, ni siquiera los de la canasta alimentaria básica. La crisis del final del ciclo volvió a destruir puestos, incrementar el desempleo y deteriorar los salarios por la devaluación del peso y la mayor incidencia relativa del aumento de precios en la canasta de consumo popular. Según los cálculos de un instituto especializado, a mayo de 2002 aquéllosperdieron un 20,6 % de su valor, pérdida equivalente a casi el 30 % para la población indigente, ya que los aumentos más significativos se produjeron en la canasta básica de alimentos.





La asistencialización de la política social: principales planes y programas



Si el proceso de empobrecimiento, precarización y desprotección del trabajo se había iniciado durante la dictadura militar, es a la salida de ésta cuando por primera vez se reconoció el problema alimentario como la imposibilidad, para un número importante de hogares, de satisfacer sus necesidades de reproducción alimentaria, aún Argentina es un país productor y exportador de alimentos Hintze, 1989). Si bien existieron en el país experiencias de políticas alimentarias (controles de precios de productos básicos; complementación alimentaria en las escuelas públicas, como la copa de leche; distribución gratuita de leche a mujeres embarazadas y niños pequeños en los centros de salud), se asociaron a intervenciones universales y estuvieron inscriptas en intervenciones políticamente orientadas a mejorar la distribución del ingreso en general. Las condiciones sociales del principio de los 80 llevaron, sin embargo, a que se implementara el primer plan masivo de asistencia alimentaria (Plan Alimentario Nacional – PAN) que consistía en la distribución de una canasta de alimentos a hogares que presentaban problemas alimentarios. Es decir, que exigía reunir ciertos requisitos para ser beneficiarios del Plan. Se trató de un programa focalizado, aunque de amplio alcance, llevada adelante en un contexto de optimismo político. El gobierno democrático que asumió en 1983 esperaba que la necesidad de un plan de estas características sería transitoria, hasta que quedaran restablecidas las condiciones de “normalidad” dadas por la vida democrática. Su concepción política –que hallaba en el contexto autoritario las causas de la pobreza- pretendía romper con lo que había inaugurado la dictadura: la pobreza como estigma “de los pobres”, lo que se materializaba en prácticas institucionales como la imposición de “certificados de pobreza” que debían ser emitidos por las oficinas de Servicio Social, para autorizar la atención médica en los Hospitales públicos. A pesar de la voluntad democrática, no se cumplieron ninguna de estas dos previsiones respecto del PAN: la asistencia alimentaria debió ser mantenida durante todo el período de la llamada “transición democrática” y quedaría instalada hacia delante; y a pesar de la amplitud del programa, la distribución de las cajas PAN dio lugar al uso clientelar de la asistencia alimentaria por parte de los numerosos mediadores políticos.



La llegada de Carlos Menem a la presidencia de la Nación, en 1989, a diferencia del gobierno saliente y contra las expectativas de sus propios votantes, significó la clara decisión de llevar adelante un proyecto político acorde a las tendencias político-ideológicas prevalecientes en los países hegemónicos. En ese marco, el lugar de la política de asistencia a los pobres era más claro: si bien se suponía también transitoria (según las expectativas derivadas, ahora, de la "teoría del derrame" que elaboraban los técnicos de los organismos internacionales) estaba claro que los necesitados de las ayudas del gobierno o de la filantropía, eran los perdedores del nuevo régimen que se imponía por las decididas políticas de ajuste estructural. La asistencia a los pobres (viejos o nuevos, pero perdedores) se supeditaba a aquella decisión y tenía dos funciones explícitas: de contención del conflicto social (cuando se dirigía a los más pobres, aquellos que no tenían nada que perder con sus acciones); y de compensación a los nuevos pobres, perdedores directos del modelo.



Sin embargo, en caso de Argentina, hay que distinguir distintos momentos y modalidades de intervención asistencialista más o menos superpuestas durante los años del gobierno del presidente Menem, derivadas, entre otras cuestiones, del hecho de que el proyecto de la nueva sociedad neoliberal era llevado adelante por un gobierno cuyo origen político era un movimiento populista que había impulsado una política fuertemente proteccionista y distribucionista, a mediados del siglo XX. La asistencia y la ayuda social formaba parte de la práctica política del movimiento y se encarnaba en un particular comportamiento de sus agentes activos.



En esas modalidades se conjugaron, entonces, dos cuestiones: una referida al modo de concebir y definir los problemas en relación a los cuales cabía la necesidad de ayudar o asistir que, como vimos, pasó de la pobreza en abstracto, a la falta de trabajo como carencia de las personas; y la otra cuestión remite a la ayuda social en la práctica política, en particular la peronista, que se conjugaba con la nueva orientación focalizadora impulsada por los organismos internacionales que financiaban la política social.



En ese marco, los planes, programas y decisiones políticas más relevantes por su significación y capacidad de instituir relaciones sociales (es decir, por eso y no por el impacto –que fue irrelevante- respecto de los problemas que pretendían atender) son los que enumeramos a continuación, los que son ilustrativos, a su vez, de las diversas modalidades de la asistencia en este período.



* El Bono solidario de Emergencia fue el primer proyecto tendiente a reemplazar el PAN y atender la crisis social de 1989 y 1990. Fue inspirado por los representantes de las principales corporaciones económicas aliadas al gobierno y reunidas en una efímera pero mediática Fundación Acción para la Iniciativa Privada. El Operativo Solidaridad en el que se inscribía el Bono, proponía atender la emergencia en el corto plazo, por la distribución de bonos que podían canjearse por una lista de alimentos. Inicialmente debía ser financiado con fondos aportados por la Fundación y exigirían contraprestación laboral e identificación de sus beneficiarios por un “mameluco de trabajo”. Finalmente, fueron financiados por fondos públicos, se instituyó un impuesto ad hoc muy resistido por los representantes empresarios en el Congreso y su distribución fue más bien desordenada: los beneficiarios no tuvieron mameluco identificatorio, pero debieron hacer patéticas filas en la vía pública, para recibir el equivalente a unos cinco dólares.



El Bono Solidario tuvo corta vigencia pero puso en evidencia el lugar de la asistencia en la práctica política tradicional, ya toda su gestión estuvo signada por la disputa por su distribución por parte de funcionarios y legisladores representantes de las diversas provincias. Estaba en juego la acumulación particular de capital político y de lealtades locales.



En esta línea clásica que entrecruza la ayuda social, la política y las actitudes filantrópicas, al Bono le siguieron otros planes como la Ayuda Solidaria de Emergencia para grupos familiares, que exigía contraprestación en trabajo de cualquiera de sus miembros; un efímero intento de desarrollo de micro-emprendimientos productivos que luego fueron intentados por numerosas organizaciones no gubernamentales; hasta que, en enero de 1993, se lanzó el Primer Plan Social.



* Creación de la Secretaría de Desarrollo Social. El citado lanzamiento no fue más que un anuncio, pero también fue el inicio de la transición hacia la instalación de otra modalidad de política asistencial, inspirada por las ideologías del gerenciamiento en el Estado. Justamente a un año de este anuncio (enero de 1994) se creó la estructura institucional de asistencia y promoción social más importante del Estado neoliberal: la Secretaría de Desarrollo Social, en la órbita directa de la Presidencia de la Nación. La política social del gobierno quedó entonces asociada a la nueva Secretaría, que asumió la coordinación del Plan Social que reunía programas sociales diversos de todas las áreas del gobierno, a los que sumó programas propios. Al año siguiente, el Secretario lanzó el Segundo Plan Social, anunciando su voluntad de terminar con los vicios de la política social voluntarista y clientelística, proponiendo mayor eficacia y eficiencia en la acción de gobierno del área y señaló como principios: la focalización de los beneficiarios; la integralidad y sustentabilidad de los planes, el control de las inversiones sociales y el fortalecimiento de la comunidad, en la que se incluía a los gobiernos locales y a las organizaciones de la sociedad civil. De hecho, fue política de la Secretaría el impulso a la tercerización de las intervenciones sociales, creándose un registro de organizaciones no gubernamentales: el Centro Nacional de Organizaciones de la Comunidad (CENOC). Esta creación, como el Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales (SIEMPRO) y la Cuenta Social Única y el Programa de Auditoría Social Centralizada, eran los instrumentos para avanzar hacia una mayor racionalidad. La Secretaría reunió numerosos programas (de emergencias sociales; dirigidos a menores; alimentarios; de huertas familiares; de emprendimientos productivos; de desarrollo de comunidades aborígenes; de ayuda social a personas; etc. Además de los programas coordinados por la Secretaría, se desarrollaban programas focalizados en otros Ministerios: de Salud, de Educación, de Agricultura, de Interior, Jefatura de Gabinete, de Economía y de Trabajo y Seguridad Social.



* Bajo la órbita del Ministerio de Trabajo se desarrollaron los llamados planes de promoción del empleo consistentes, en realidad, en planes de asistencia social a los desempleados, ya que explícitamente la política se cuidaba de no interferir en el mercado de trabajo. La Ley de Empleo de 1991 (N° 24.013) instituyó el seguro por desempleo bajo la denominación de Sistema Integral de Prestaciones por Desempleo, para los trabajadores despedidos que estuvieran en condición de legalidad y hayan aportado al Fondo Nacional de Empleo, creado en la misma ocasión a tales efectos y para financiar los programas de promoción y capacitación. La exigencia de contrato legal constituyó una restricción importante, dadas las características del mercado de trabajo local y la dimensión del empleo por fuera de la ley.  Las llamadas “políticas activas de promoción y capacitación laboral” comprendía figuras contractuales a término y eximidas total o parcialmente de las contribuciones patronales a la seguridad social; y otros planes y programas que incorporaban alguna modalidad de ocupación como parte del plan de asistencia



Con esa orientación, fueron numerosos los programas puestos en marcha, siendo el PIT (Programas Intensivos de Trabajo), uno de los primeros (1992) y de mayor significación político-cultural. Esto porque, como sus sucesores, el Plan Trabajar (1995) y el último, el Plan Jefas y Jefes de Hogar (2001), fueron inicialmente denostados por las organizaciones de trabajadores (ocupados y de desocupados), y finalmente, demandados y disputados por estos mismos agentes. Los PIT ocupaban desempleados sin calificación en obras que permitían un uso intensivo de mano de obra; sus beneficiarios eran reconocidos como “los pit” y solían identificarse cuando se superponían brazos en exceso para tareas de poca exigencia. El Plan Trabajar brinda “ayuda económica no remunerativa” a desocupados para trabajar en proyectos de infraestructura y fue importante en pequeñas localidades afectadas por la privatización de empresas estractivas del Estado, en las que se iniciaron las protestas que darían lugar al movimiento piquetero. El Plan Jefas y Jefe de Hogar Desocupados fue lanzado por el Gobierno provisional en 2001, para enfrentar la grave crisis social profundizada por la devaluación de la moneda local. También prevé contraprestación laboral, pero es el de mayor alcance, teniendo en la actualidad más de 2 millones de beneficiarios, receptores de un subsidio de 150 pesos mensuales (aproximadamente, 50 dólares).



Si estos fueron los planes más conocidos, están lejos de agotar la lista de proyectos desarrollados en estos años, que tuvieron en común ser ocupaciones a término (entre 3 y 6 meses), a cambio de “ayuda económica”. Algunos estuvieron dirigidos a apoyar micro-emprendimientos productivos (casi siempre actividades de subsistencia, dada la inexistencia de una política específica de promoción, protección, capacitación y crédito), capacitación para el primer empleo y formación o reconversión profesional, etc.



Dado el carácter focalizado de los programas, desarrollados en paralelo con la política laboral que en nombre de la flexibilización restringía los recursos institucionales y normativos de protección del trabajo (salario y demás condiciones y beneficios), aunado la experiencia de uso particularista de la asistencia estatal, a la ineficacia de la misma en el marco de una política de estado que generaba precariedad, desempleo y necesidades insatisfechas, los llamados planes de promoción del empleo, no se diferenciaron de los de asistencia a la pobreza más que por el recurso de la misma: en este caso, alguna ocupación muchas veces desvalorizada a cambio de la “ayuda económica no remunerativa”. Como en aquel caso, la aplicación de los planes terminó siendo discrecional, según criterios de los agentes responsables de su gestión, antes que los que figuraban en la letra de los proyectos. Ello contribuyó a su ineficacia, desde el punto de vista del problema que apuntaban a resolver, aunque eran “eficientes” desde el punto de vista de la acumulación de capital político de los mediadores respectivos. Durante todo el período se sucedían denuncias acerca de la escasa transparencia en las listas de beneficiarios y el incumplimiento de los requisitos estipulados: ciertas o no, eran una consecuencia directa de una política de estado sostenida apenas en criterios técnicos de selección de “merecedores”, que se aunaba a la concepción y uso clásico de la asistencia social como una acción particular y discrecional, por sobre el derecho de igualdad de los ciudadanos de la Nación.                   





La asistencialización de la política social: su significación en la constitución de la sociedad



En primer lugar, es necesario recordar brevemente que las políticas sociales ponen de manifiesto la politización de la cuestión social; o, si se quiere, la constitución de la cuestión social en cuestión de estado, desde el momento en el que las tensiones originadas en “la dependencia del salario de la mano de obra libre” ya no pueden ser resueltas por la vieja filantropía o por la caridad cristiana. Sobre ese punto de partida, el Estado Social es el rencuentro de la economía y la política en la forma de un nuevo acuerdo democrático que extiende las garantías de igualdad a lo social; pero se trata también de condiciones que hacen a la propia acumulación: cierta garantía de paz social, crecimiento del consumo de masas, disponibilidad de fuerza de trabajo sana y educada, para hacer sólo una referencia parcial de una cuestión harto compleja. De modo que el Estado Social y sus políticas respectivas no expresan solamente la tendencia a instituir la seguridad de la reproducción de los trabajadores (incluyendo el momento de paro, de retiro por la edad o por accidentes eventuales o laborales), sino también del capital, en la medida que lo requieren las condiciones técnicas y organizativas de la producción.



Si esto corresponde al movimiento histórico general, las formas concretas que tomaron los estados nacionales depende de factores locales y del tipo de inserción (hegemónica o subordinada) en el sistema mundial. En el caso se Argentina, la consagración política de los derechos sociales a mediados del siglo XX correspondió a un capítulo de los derechos del trabajo La particularidad del mercado de trabajo argentino, caracterizado por una amplia ocupación y condiciones de vida relativamente homogéneas, daba apariencia de universalidad a sistemas que dependían de la relación salarial formal y/o del aporte del trabajador, sea empleado o autónomo.



En esas condiciones y desarrollados los sistemas de protección social, la asistencia social quedaba destinada a situaciones relativamente acotadas de vulnerabilidad. No obstante, la particularidad del régimen político en cuyo marco tomó forma el estado social argentino en la década de 1940, encabezado por el Gral. Juan Perón, que simultáneamente impulsó una amplísima intervención asistencial vía una institución ad hoc, consustancial al régimen político, pero no propiamente estatal (la Fundación Eva Perón), potenció en este país la clásica discusión acerca del asistencialismo que acompaña a las políticas de asistencia, a pesar del discurso de su fundadora, que afirmaba el derecho de los pobres a la ayuda social.



Como presentamos en los puntos anteriores, el sentido del proceso histórico del último ciclo fue inverso: las condiciones del mercado de trabajo desnudaban los límites de los sistemas de protección, al tiempo que se perdía el sentido de derecho a la misma. Lejos de crearse alternativas superadoras de dichos límites y desacoplar el derecho a la protección de la relación con el mercado de trabajo, la seguridad misma se interpretó en términos de “privilegios” y se tendió hacia la fundación de seguros privados (aunque de afiliación compulsiva) dependientes de la capacidad y nivel de ahorro de cada individuo. De modo que la protección y la seguridad de la vida quedaban también asociadas al éxito individual para procurarse más o mejor de la nueva mercancía. El mercado de esos servicios (cuyos agentes son las AFJP o las empresas de medicina prepaga) devino el nuevo camino legítimo. Fuera de él quedaron los desocupados y los informales cuyos ingresos no les permiten pagar la cuota correspondiente, clientes presentes o a futuro de la ayuda social del Estado.



Quedó, entonces, constituido un orden político-institucional asistencialista, resultante del sentido general de la política y de las medidas concretas impuestas como “solución” a la crisis cuyos orígenes se remonta a la década de 1970. De ahí que afirmamos que la política social global seasistencializó: las intervenciones sociales se focalizaron en los débiles, como contrapartida de las reglas del mercado (con las que “juegan” quienes tienen éxito en la adaptación al mismo),instituidas estatalmente como regulaciones del conjunto de la vida social y reproducidas, a la vez, en los discursos y en dichas intervenciones sociales. Precisamente, la máxima mercantilización de la fuerza de trabajo y la desestructuración de las instituciones de regulación de su uso y de protección de los trabajadores, fue correlativa y determinante de tal asistencialización, cuyo sujeto no es otro que el trabajador desprotegido, efectiva o potencialmente pobre. Desde el punto de vista del carácter del Estado, se trata de un orden en el cual las regulaciones flexibilizaron el uso de la fuerza de trabajo y, simétricamente, rigidizaron la autodisposición y capacidad de disputa por las condiciones de su empleo. La política laboral resultante/productora de un orden de tales características, determina el carácter asistencialista de las intervenciones sociales del Estado, globalmente dirigidas a socorrer la emergencia de la crisis de reproducción de quienes han quedado “libres en el mercado”. A esta orientación se articuló la vieja práctica que asimila y significa la prestación a un acto moral de un actor individualizable (sea un particular, sea un gobierno, sea un líder o un agrupamiento político, sea un funcionario), diluyendo su carácter institución política y expresión de una voluntad colectiva.





El derecho a la asistencia y el sentido de la política social



El sector de las políticas de asistencia, como parte de las políticas sociales, corresponde a la concurrencia necesaria para enfrentar emergencias sociales o derivadas de imprevistos; a la protección y atención de personas con discapacidades vitales (enfermedades crónicas o congénitas); a compensar el desamparo familiar (niños huérfanos; ancianos solos); a la defensa  y amparo de las víctimas de violencia socio-familiar (mujeres o niños golpeados o violados, por ejemplo), entre otras cuestiones que no necesariamente arraigan en la desposesión, que presentan necesidades específicas y que no son comprendidas por la seguridad social general. Asimismo, comprende también las acciones necesarias para asegurar la defensa, amparo y promoción (social y cultural) de los grupos más afectados por fenómenos como la drogadependencia, el desestímulo educativo o la desafectación de la pertenencia y la valoración de la vida propia y de los demás, que constituyen una problemática social nueva, gestada en las condiciones, la cultura y las soluciones neoliberales a la crisis socio-económica. Estas problemáticas, así como la desprotección derivada de las políticas descriptas antes, demandan acciones específicas dirigidas a revertir las condiciones de pérdida de autonomía para los sujetos, que no pueden reemplazarse por acciones volátiles y focalizadas en las “carencias del sujeto” (en el sentido antes precisado).



En principio, entonces, no tendrían aquel signo negativo políticas de asistencia inscriptas en un marco global de derechos y garantías, que asumiera la naturaleza histórico-estructural del riesgo eventual de no poderse realizar la reproducción (en sentido amplio), por situaciones de desventaja fortuita o por las condiciones del mercado de trabajo; y que expresaran el acuerdo normativo de una sociedad de asumir colectivamente el mismo y, consecuentemente, la seguridad de todos sus miembros. Sin embargo, esto no se desprende de manera directa y automática de un marco normativo de tales características, sino que será el resultado de procesos sociales y culturales que reorienten el sentido general de la política social. Esto demanda el desarrollo de estrategias de acción que contribuyan a la preservación de las potencialidades del sujeto y a su valoración como miembro activo de su sociedad, y requiere ser sostenido en la práctica político-profesional del conjunto de agentes implicados, como realización de una nueva hegemonía.



Pero además, es necesario atender a la consideración que en un marco de derechos y garantías tienen las necesidades de la reproducción. Un supuesto posible es que su definición no puede limitarse a aquellas ligadas al mantenimiento cotidiano o a la mera subsistencia, sin reducir a las personas -sujetos contextuados- a una primaria condición de ser natural. Por eso, son necesidades de la reproducción de todos los miembros de una sociedad, todas aquéllas posibles de ser satisfechas en las actuales condiciones del desarrollo de las capacidades humanas (fuerzas productivas y culturales), que no ponen en riesgo la vida y los recursos en el planeta, que las comunidades o grupos sociales (en tanto sujetos colectivos) tienen como deseables y reconocen como positivas para su desenvolvimiento y bienestar, y a las que, en consecuencia, los individuos pueden aspirar legítimamente, en condiciones equivalentesDado este horizonte como posibilidad, los sujetos son libres de elegir una vida de asceta o de ermitaño.



Estos supuestos son condiciones de partida y el marco conceptual para la proposición de políticas de diverso alcance. En lo inmediato, son necesarias políticas eficientes, eficaces y amplias, frente a la problemática de la sobrevivencia, la que debe ser reparada dando cobertura inmediata a las necesidades urgentes de alimentación, abrigo, salud y vivienda; y  previniendo el deterioro a que lleva el sufrimiento y que deviene en otras problemáticas sociales difíciles de reparar, tales como el abandono de hogar por parte de los adultos responsables y de niños que pierden toda contención; la mendicidad, la drogadicción, la delincuencia, etc.



En el mediano plazo deberán revisarse los sistemas de protección atados a la relación salarial y al ahorro individual, porque potencian la vulnerabilidad de la desocupación y de la falta de ingresos.



En relación al empleo, deberá revisarse la política laboral que dejó planteada el neoliberalismo, para establecer normativamente las condiciones de uso de la fuerza de trabajo, que entre otras cosas fije límites a la intensidad y extensión de la ocupación y restablezca mínimos salariales acordes a las necesidades de la reproducción.



Respecto al trabajo en general, como condición de participación en la producción social, se requiere dejar de lado tanto la estrategia de planes de ocupación en puestos transitorios, descalificados y estigmatizantes; como aquella que supone promover emprendimientos autónomos que son meras actividades de subsistencia. Una política en este sentido debe ir más allá del subsidio, ya que requiere capacitación, créditos, normas de competencia y comercialización, etc.; es decir, una política económica dirigida a desarrollar estos mercados.



Finalmente, respecto del campo del trabajo social, aquellas condiciones políticas descriptas en este artículo, fueron también constrictivas para el ejercicio profesional, cuyos agentes estuvieron fuertemente constreñidos en su acción en las instituciones sociales.



Sin embargo, es posible reconocer una práctica de resistencia, tanto discursiva como en la labor cotidiana, fundamentalmente de oposición a los principios morales que propuso el neoliberalismo lo que potencialmente deja bien ubicada la profesión para participar en la recreación de los lazos de comunicación y entendimiento, fundamentalmente a nivel de la vida cotidiana de los grupos sociales y comunidades. Queda por verse, no obstante, la capacidad de incidencia del trabajo social en la definición de alternativas de políticas sociales integrales (es decir, que articulen los múltiples sectores en que se fragmentan las intervenciones sociales del Estado) y que tendencialmente contribuyan a producir relaciones sociales horizontales y solidarias, entre sujetos capaces de proyectar su vida en condiciones de mayor autonomía y de participar reflexivamente en la vida política.



En las actuales circunstancias, de agudización extrema de la pobreza y vigencia de innumerables expresiones de la problemática social, la perspectiva del Trabajo Social deberá articularse entre dos dimensiones, íntimamente relacionadas: la situación estructural del país y la diversa gama de problemas sociales que emanan de la misma y que requieren urgente atención.



4-      ¿Qué es el neoliberalismo?

5-      Realizá UN DESARROLLO  más un cuadro-síntesis de lo leído.

6-      ¿Qué se entiende por corrupción? Cite ejemplos políticos.

7-      Describa el concepto de Autoridad y legitimidad.

8-      Buscá diferencias y similitudes en todos los videos adjuntados  hasta ahora- con cada político de turno- desde el primer tema de clase hasta los de hoy. Compará posturas políticas.

9-      A todo lo redactado citar bibliografía. No se puede usar wikipedia.

10-   Se acepta un trabajo cada 2 alumnos.

11-   Fecha de entrega: viernes 22/4/16.



 BIBLIOGRAFÍA



ALAYON, Norberto: "Pobreza, Derechos Humanos y Política Social". Conferencia en el III Congreso Internacional de Trabajo Social. San José, Costa Rica. Setiembre de 2003.



ALAYON, Norberto: Asistencia y asistencialismo. ¿Pobres controlados o erradicación de la pobreza? Lumen (3ra. edición), Buenos Aires, 2000.



ALAYON, Norberto: “El asistencialismo en la política social y en el trabajo social”. En:  RevistaAcción Crítica Nº 7, Celats-Alaets, Lima, 1980.



AZPIAZU, Daniel: “El nuevo perfil de la elite empresaria. Concentración del poder económico y beneficios extraordinarios”. En: Revista Realidad Económica Nº 145, Instituto Argentino para el Desarrollo Económico, Buenos Aires, enero/febrero 1997.



BECCARIA, Luis y Néstor LOPEZ: Sin trabajo. Las características del desempleo y sus efectos en la sociedad argentina. Unicef/Losada, Buenos Aires, 1996.



CORAGGIO, José Luis: Política Social y economía del trabajo. Miño y Dávila Editores, Buenos Aires, 1999.



DANANI, Claudia: “Condiciones y prácticas sociopolíticas en las políticas sociales: las obras sociales, más allá de la libre afiliación”. En: LINDENBOIM, Javier y DANANI, Claudia (coordinadores). Entre el trabajo y la política. Las reformas de las políticas sociales argentinas en perspectiva comparada. Editorial Biblos, Buenos Aires, 2003.



GONZALEZ, Mariana y BONOFOGLIO Nicolás: “Evidencias sobre el deterioro de la calidad del empleo en la Argentina” Trabajo presentado al V Simposio Internacional “América Latina y el Caribe: El desafío de los procesos de desarrollo e integración en el nuevo Milenio”, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, 23 al 25 de octubre de 2002.



GRASSI, Estela: Política y problemas sociales en la sociedad neoliberal. La otra década infame (I). Espacio Editorial, Buenos Aires, 2003.



GRASSI, Estela: "Investigación y Trabajo Social: complicidades del pensamiento naturalista". Segundas Jornadas de Investigación en Trabajo Social. Universidad Nacional de Entre Ríos, Argentina. Octubre de 2003.



GRASSI, Estela; Susana HINTZE y María R. NEUFELD: Politicas Sociales, Crisis y Ajuste Estructural. Espacio Editorial, Buenos Aires, 1994.



HINTZE, Susana: Estrategias alimentarias de sobreviviencia. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1989.



LINDENBOIM, Javier (compilador): Metamorfosis del empleo en Argentina. Cuadernos del CEPED Nº 7. FCE/UBA, Buenos Aires, 2002.                                                    



LO VUOLO, Rubén: Alternativas. La economía como cuestión social. Grupo Editor Altamira. Buenos Aires. 2001.



LOZANO, Claudio: “La catástrofe social en la Argentina”, Documento del Instituto de Estudio y Formación de la CTA, Buenos Aires, junio de 2002.

                                                          

LOZANO, Claudio:  Instituto de Estudios Sobre Estado y Participación: Inconsistencias estadísticas e injusticia presupuestaria. Análisis del Proyecto de Ley de Presupuesto Nacional para 1999, Buenos Aires, 1999.



MURMIS, Miguel y Silvio Feldman: “La heterogeneidad de las pobrezas”. En: MINUJIN, Alberto: Cuesta abajo. Los nuevos pobres: efectos de la crisis en la sociedad argentina”.Unicef/Losada, Buenos Aires, 1992.



VARIOS AUTORES: Trabajo Social de Hoy. Experiencias de campo e intervenciones profesionales. Espacio Editorial, Buenos Aires, 2002.



VARIOS AUTORES: Nuevos escenarios y práctica profesional. Una mirada crítica desde el Trabajo Social. Espacio Editorial, Buenos Aires, 2002.



“Neo- liberalims in Argentine. Social policy, welfare and the conditions for the development of social work”.

Norberto Alayón and Estela Grassi

In:

Globalisation and Social Work: Perspectives from the left

Edited by Iain Ferguson, Michael Lavalette  and Elizabeth Whietmore

Routledge

London (England)

ISBN: 0415325374 (hbk)

ISBN:0415325382 (pbk)

2004


sábado, 2 de abril de 2016

Teoría y praxis política en el pensamiento de Antonio Gramsci

Fundamentación



Antonio Gramsci es uno de los pensadores políticos contemporáneos más significativos. Sus aportes son insoslayables para pensar el peculiar entrelazamiento entre la teoría y la práctica políticas que signan el Siglo XX. Puede decirse que es un autor clásico, en el sentido que le da Norberto Bobbio: a. es un intérprete auténtico y único de su tiempo, para cuya comprensión se utilizan sus obras; b. siempre es actual y cada generación lo relee; c. ha construido teorías-modelo o conceptos clave que se emplean en la actualidad para comprender la realidad. Porque aunque no cabe duda de que el capitalismo de nuestros días se presenta en una forma diferente del capitalismo que estudió y contra el cual luchó Gramsci, ¿es diferente su sustancia? O, más aún, ¿ha sido superada por la historia toda la diversidad de formas de su existencia y de vías posibles para su superación revolucionaria examinadas o propuestas por Gramsci?



Volver sobre la obra del italiano siempre implica un gran desafío. Por una parte, se trata de ser lo más fiel posible al propio autor, teniendo en cuenta tanto la letra como el contexto histórico de su producción y su pertenencia teórico-política a la tradición marxista. Rescatar la dimensión histórica nos permitirá no perder de vista el origen de las preocupaciones gramscianas-arraigadas profundamente en la praxis-, a la vez que evitar extensiones improcedentes de sus conceptos y categorías de análisis.


Ejercitación

1)        Leer el siguiente texto:


La filosofía práctica enfatiza las relaciones entre el pensamiento, la acción humana y sus efectos; principalmente   la ética y la filosofía política se derivan de los análisis especulativos de la realidad, interpretada de forma humana, histórica por tanto política.


La praxis política tiene como sentido, organizar a la sociedad jerárquicamente, determinar el rumbo de la misma y para llegar a entender las necesidades de la sociedad de una manera más profunda; para así satisfacerlas sea más sencillo.


Tiene como reto organizar una sociedad, pero para ello se enfrenta a grandes problemáticas sociales, por ejemplo tiene que analizar las necesidades de la sociedad a pesar de la pluralidad; tiene que aprender a emplear las acciones necesarias para satisfacer las demandas de la sociedad, entendiendo las diferencias que la distinguen de las demás.



Implica entender las cuestiones fundamentales sobre el gobierno, la libertad, la justicia, la propiedad, la autoridad, los derechos, la ética, la moral, es entender la realidad histórica que ha consolidado   a la sociedad como tal, y aprovechar eso para dirigir a la sociedad por el camino deseado.


Para que se lleve a cabo, necesita que se esté verdaderamente comprometido tanto con la sociedad como con la realidad, tener la capacidad de analizar e interpretar la filosofía política; y el compromiso y responsabilidad de intervenir en la realidad para poder transformar el mundo real políticamente.


La política como ciencia se ha estudiado poco y se ha creído que se ejerce en demasía, se ha sobrevaluado su poder y se ha dejado a la improvisación su uso. La praxis política va mucho más allá de sólo entender la parte dogmática de una carta magna.

PRAXIS POLÍTICA.


http://www.upf.edu/materials/polietica/_pdf/etpopoliticaeticacolectivo.pdf



2)        Observar el siguiente video:





3)        En no más de dos alumnos, tomar el texto de praxis política del link, más lo que viste en el video y con tus palabras, nada complejo! 

NO MAS DE 10 RENGLONES.

a)Toma la praxis política que explica Gramsci. Resignificalo. Traélo al día de hoy.

Establece comparaciones de esa época y la actual y responde en base a lo leído.

 b)¿Qué en tres aspectos toma  la concepción gramsciana de la política?

c) ¿ Cómo Gramsci ha defendido firmemente la principal lección de Maquiavelo?

d)¿ Por qué se habla de "confusión entre el plano ético y el plano político?

e) ¿Como describe el maquiavelismo?

Se realiza en al carpeta.

Quiero pasión en esas respuestas!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


viernes, 18 de marzo de 2016

La política, lo político y lo público.

Sartori
Politica en Sentido Clasico: Hoy estamos habituados a distinguir entre lo político y lo social, entre el Estado y la sociedad. Pero son estas distinciones y contraposiciones que se consolidan en su significado recién en el siglo XIX.
Para Aristóteles el hombre era un zoom politikón y lo que él definía de esta manera es al hombre y no a la política. Solo porque el hombre vive en la polis, y porque la polis vive en el. Al decir "animal politico", Aristoteles expresaba la concepcion griega de la vida. Por lo tanto En el “vivir político” y en la “politicidad” los griegos no veían una parte o un aspecto de la vida; la veían en su totalidad y en su esencia. Brevemente, un hombre “no político” era simplemente un ser inferior, un menos-que-hombre.
Por otra parte no es exacto decir que Aristóteles incluía la socialidad en la política. En verdad, los dos términos eran para él un único término. “Político” significaba conjuntamente las dos cosas a la vez.
En este sentido se hace enfasis en la DIMENSION HORIZONTAL, donde no hay jerarquizaciones, el sentido de la politica es la libertad. Uno es libre porque puede participar en las decisiones colectivas obligatorias. Tambien el razonamiento politico esta regido por la Etica.
Fue Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) quien autorizadamente tradujo zoom politikon como “animal político y social”, observando que “es propio de la naturaleza del hombre vivir en una sociedad de muchos”.
Los romanos absorbieron la cultura griega cuando su ciudad había sobrepasado ampliamente la dimensión que admitía el “vivir político” según la escala griega. Por lo tanto la civitas, con respecto a la polis, es una ciudad de una politicidad diluida. La civitasse organiza jurídicamente. No es un conglomerado humano cualquiera, sino aquel conglomerado que se basa en el consenso de la ley. Lo que permite sustituir la "politicidad" por la juridicidad.
Como conclusión, la política de Aristóteles era a la vez una antropología ligada indisolublemente del “espacio” de la polis.Caída la polis la politicidad se atenúa, diluyéndose variadamente o transformándose en otra. Por un lado, la política se juridiza, desarrollándose en la dirección indicada por el pensamiento romano. Por otro lado la política se teologiza, primero adecuándose a la visión cristiana del mundo, después en relación con la lucha entre el papado y el Imperio, y por último en función de la ruptura entre el catolicismo y el protestantismo. En todos los casos, el discurso sobre la politica se configura como un discurso que es, conjunta e indisolublemente etico-politico.
Politica en Sentido Moderno: Para Sartori quien descubre la politica en el sentido moderno es Maquiavelo, configurandola en su especificidad y autonomia.
Con respecto a la autonomía se pueden sostener 4 tesis:
1. Que es diferente.
2. Que es independiente.
3. Que es autosuficiente.
4. Que es causa primera.
La tesis que mas importa es la primera: ¿Diferente en qué? Con Maquiavelo (siglo XVI) la política se diferencia de la moral y de la religión, siendo esta una primera nitida separacion y diferenciacion. En donde Maquiavelo no se va a limitar a señalar esta diferencia sino que va a proclamar una vigorosa afirmación de autonomía: la política tiene sus leyes, leyes que el político “debe” aplicar”.
Tambien va a hacer enfasis en la DIMENSION VERTICAL, donde la politica es el arte de obtener, mantener y acrecentar el poder. El proceso politico implica lucha por el poder, en el que todo gobierno descansa en la fuerza y en la ley. Es una relacion de mando y obediencia.
Una vez echa la primera diferenciacion entre politica, moral y religion, que es un paso decisivo pero tambien el mas facil, Sartori va a establecer la diferencia entre la politica y la esfera social, donde la autonomia de la sociedad con respecto al estado presupone otra diferencia, que es con la cual la sociedad toma realmente conciencia de si misma: La de la esfera economica. En la que esta se rige no por leyes juridicas, sino por leyes del mercado y el mercado es un mecanismo que funciona por su cuenta, por lo tanto en opinion de Smith y Ricardo la sociedad resulta tanto mas ella misma cuanto mas queda liberada no solo de la politica sino tambien del derecho. La sociedad no es sólo un “sistema social” diferente, independiente y autosuficiente con respecto al “sistema político” sino que el sistema social es el que genera el sistema político.
Como conclusion: Luego de la primera diferenciacion por Maquiavelo de la Politica con la moral y la religion, Sartori va a decir que la politica es diferente a la sociedad, a la economia y del derecho, definiendo asi la politica como AUTONOMA, propio del pensamiento politico moderno.
Politica como Ciencia o Filosofia:
Se sostiene que no hay ciencia propiamente dicha sin método científico. Reconocemos la existencia de una pluralidad de ciencias y de métodos científicos que van desde las ciencias “clasificatorias” hasta las ciencias “fisicalistas”. Se debe distinguir aqui entre ciencias en sentido extrico (exactas o fisicalistas) y ciencias en sentido lato (ciencia en general ).Esta concepcion flexible, es la que admite mejor el discurso sobre las ciencias del hombre. A través de la historia, la política se fue separando de otras disciplinas, sin embargo la separación decisiva fue la de la filosofía. Esto hizo posible el surgimiento de la ciencia política en el sentido lato. Sin embargo, en una ciencia social no han de poder hacerse experimentos como en otras ciencias naturales. La forma de corroboración será estadística (ejemplo, censo) comparativa (ejemplo, comparar economías) histórica (ejemplo, examinar hechos pasados).
-La filosofía puede ser vista como un contenido de saber y/o como un método de adquisición de ese saber.
Bobbio reduce la filosofía política a cuatro grandes temas de reflexión :
1. La búsqueda de la mejor forma de gobierno y de la república ideal;
2. La búsqueda del fundamento del Estado y justificación del compromiso político;
3. La búsqueda de la naturaleza o esencia de la política.
4. El análisis del lenguaje político
Según Bobbio también el tratamiento filosófico se caracteriza por “al menos uno” de los elementos siguientes:
1. Un criterio de verdad que no es la comprobación, sino más bien la coherencia deductiva;
2. Una tentativa que no es la explicación, sino en todo caso la justificación;
3. La valoración como presupuesto y como objetivo.
El planteo de Bobbio pone frente a frente los criterios constitutivos del tratamiento filosófico con los del método científico que consisten en:
1. Un criterio de verdad donde el enunciado debe presentar corroboracion o refutacion empirica.
2. Uso de tecnicas racionales encaminados a una explicación causal fuerte o debil
3. La no valoratividad. (sartori recomienda: Neutralizacion y Cancelacion)
Sartori no esta conforme con esto y la completa con otros rasgos/aclaraciones: donde se da una contraposicion dicotomica (donde no tiene validez retrospectiva sino proyectiva)
1- Contrapone la filosofía como discurso axiológico-normativo a la ciencia como discurso descriptivo-no valorativo.
2-Contrapone la filosofia como saber "no aplicable" a la ciencia como saber no solo operacional sino tambien operativo.
3-Contrapone la filosofia como saber de caracacter discreto y no acumulativo a la ciencia como saber acumulativo y transmisible.
4- La filosofía como sistema filosófico es parte de una concepción universal mientras que la ciencia es segmentaría.
-Dentro de la acepción “filosofía” se incluiría al pensar caracterizado por uno de los siguientes síntomas -no necesariamente todos-:
1. Deducción lógica.
2. Justificación.
3. Valoración normativa.
4. Universalidad y fundamentalidad.
5. Metafísica de esencias
6. Inaplicabilidad.
En cambio dentro de la voz “ciencia” tendríamos el pensar caracterizado por los siguientes rasgos -no necesariamente todos-:
1. Comprobación empírica.
2. Explicación descriptiva.
3. No valoración.
4. Particularidad y acumulabilidad.
5. Relevamiento de existencias y,
6. Operacionabilidad y operatividad.
Tambien hay una diferenciacion entre ciencia y filosofia en la linguistica:
Ciencia: Uso perceptivo del lenguaje (perceptivo-descriptivo) se interesa por el ¿Como?.
Filosofia: Uso metaempirico del lenguaje, se interesa por los porques. Formula visiones del mundo, escalas de valor, significados.
((No es tan importante pero para completar))
Podríamos definir la teoría política en lo que tiene de irreductible como el modo autónomo (ni filosófico ni científico) de “ver” la política en su propia autonomía.
Resumiendo, podemos establecer tres puntos:
a. A todo lo largo del camino cuyos extremos están caracterizados por los tipos ideales de “filosofía” y “ciencia”, encontramos teoría políticas que no se pueden asimilar ni a uno ni a otro.
b. Entre la filosofía y la ciencia quedará siempre una zona intermedia, ocupada por “doctrinas políticas”.
c. Las teorías, doctrinas e ideologías se sitúan entre sí en un orden jerárquico que va de un máximo a un mínimo de valor cognoscitivo.
WOLIN:
Para Wolin la actividad politica es una fuente de conflicto, donde todas las deciciones benefician a unos y perjudican a otros. Pero al mismo tiempo es constructora de ORDEN.
La actividad politica:
-Gira en torno a la busqueda de ventajas competitivas entre individuos, grupos, gobiernos.
-En condiciones de cambio y escasez relativa
-Los logros que unos obtienen afectan a otros o al conjunto.
Wolin va a definir a LAS INSTITUCIONES POLITICAS como: Ordenamientos de poder y autoridad que tienen la facultad de adoptar decisiones (vinculantes) atinentes a la colectividad en su conjunto. Estas instituciones:
-Crean un espacio politico, donde confluyen las fuerzas tensionales de la sociedad.
-Crean un tiempo politico (lapso hasta la resolucion de los conflictos).
-Puede haber en decadencia, va a trascender las instituciones y los problemas no se resuelven, lo que va a derivar en una CRISIS. Esta crisis dispara discusiones políticas y gracias a esto se catapultan y formulan grandes aportes al pensamiento político.
*Por otro lado menciona TEORIA POLITICA y hace una distinción entre;
-CIENCIA POLITICA (mas empirica)
-FILOSOFIA POLITICA (mas normativa)
La teoria politia:
- Procura conciliar la naturaleza conflictiva de la politica con las exigencias del ORDEN (varia segun las preferencias valorativas).
-Otorga significado a los hechos politicos
-Procura explicarlos, propone "modelos" (vision arquitectonica: encontrar su sentido)
Wolin va a destacar que muchos filosofos anteriores se ocuparon de reunir y sistematizar las palabras y conceptos del discurso politico, donde ha sido elaborado y transmitido como un legado cultural, UNA TRADICION, lo que va a traer muchas ventajas, sobre todo en la comuniacion de contemporaneos sobre un lenguaje comun y para comprender mejor el pensamiento politico de otros siglos. Por ultimo va a destacar que la experiencia politica de una epoca es distinta de la otra, por lo que cuando un pensador politico encara el analisis de una idea del pasado, se inserta en un proceso bastante complejo, donde hay dos tendencias algo contradictorias: una hacia un regreso infinito al pasado y otra hacia la acumulacion.
LAS CONCEPCIONES DE ANDREW GAMBLE (el destino)
Este autor escribe en un contexto de globalización y liberalismo, donde caracteriza a la política por ser una practica mal vista. Dice que en la actualidad las concepciones erradas dan lugar a la antipolitica. Destaca para que sirve la politica en 3 interrogantes:
Quienes somos? - Dimensión expresiva de la política (I)
Cómo deberíamos vivir? – Dimensión reguladora de la política (II)
Qué deberíamos conseguir? – Dimensión instrumental de la política (III)
I. Dimensión expresiva de la política
Es la lógica binaria aplicada a la política. Quienes son amigos y quienes son enemigos. Plasma la diferencia entre lo publico y lo privado, quien pertenece al Estado y quien no. Lo político solo existe en un ámbito publico, un conjunto de instituciones que reconocen la diversidad y dejan espacio para la deliberación la negociación y la representación de intereses y expresión de identidades. Toca un concepto de asociación política (soberanía) que mediante un Estado en un ámbito publico se intenta construir dicha soberanía mediante un conjunto de lengua, religión, relatos históricos, costumbres, etnia, raza, edad, genero y moneda. Según el filosofo Carl Shuitt, la política requiere la pertenencia a un segmento político asignado. Si no hubieran naciones, no habría política por falta de soberanía. La diferenciación enemigos, amigos, “nosotros o ellos” definen a la política.
**DIMENSION EXPRESIVA DE LA POLITICA: Corresponde a la identidad colectiva. Es el espacio en el que hay que optar entre valores y principios, las personas definen quienes son, reconociendo una identidad y hacen suyo un determinado conjunto de compromisos, lealtades, deberes y obligaciones. En este caso la politica trata de la comprension del mundo entre amigos y enemigos. La mas significativa de las identidades es el Estado en si, donde pretende formar esa identidad como la lengua, religion, relatos historicos, costumbres, etnia, raza, edad ,genero. Si todo el mundo compartiera los mismos valores, no existirian identidades politicas distintas.
II. Dimensión reguladora de la política
La identidad y el limite entre lo publico y lo privado son fundamentales para el orden de la política. Para ello se establece como se va a gobernar la sociedad (según que régimen político), que espacio hay para deliberar, negociar, articular intereses, expresar identidades. También definir el espacio de gobernanza, el marco institucional para la independencia economica y social en general. Esto se puede moldear porque existen varios estados con entidad política, todos con soberanías excluyentes y distintas, con diversidad de intereses (no pasaría con un Estado Universal).
III. Dimensión instrumental de la política
Esta dimensión esta mas ligada con el poder en general. Plasma la lucha de facciones, partidos políticos, camarillas, etc. Cada cual interesada en ocupar cargos, tomar partido en decisiones colectivas, beneficios, asignaciones.
Hace distinciones entre quienes son incluidos en el poder, y quienes no. La política cumple un rol fundamental, a lo que se pueden dedicar los excluidos del poder.
Tambien destaca que la política no solo es un ámbito de lucha, sino también de conciliación.
UNIDAD 1- WARREN – QUÉ ES LA POLÍTICA
El autor busca definir la política analizando definiciones clásicas y por qué sirven o no. Dice que luego de las fluctuaciones del siglo XX como las guerras, las definiciones han cambiado. Se basa en los sgtes parámetros:
Que la definición satisfaga preferencias normativas. Aunque las definiciones siempre serán discutibles, Warren pretende acercarse a una explicación integral de las implicaciones normativas en juego.
Que corresponda a las visiones cotidianas de la política. La política nunca estuvo centrada solo en instituciones estatales, pero en el siglo XX esto se deteriora para tener una política con una visión cotidiana mas hacia la sociedad civil y a la economía. La politización de la sociedad tiene que ver con el hecho de que la gente esta menos dispuesta a aceptar tradiciones, rutinas, habitos y costumbres. La política es ahora omnipresente, y nuestra definición debe adaptarse a ello.
Que sirva a fines explicativos. Si ampliamos la definición para cubrir las crecientes demandas corremos el riesgo de destrozar la precisión explicativa. Nuestra definición debe distinguir el terreno de las relaciones políticas, del de las sociales, e identificar el campo de explicación y naturaleza de objetos políticos.
Luego analiza falsas concepciones de la política:
-La política no es comportamiento. Warren omite la dimensión intencional de la política, aunque no descarta que hay decisiones como las del mercado que no requieren intencionalidad. La política implica una puja constante de fuerzas que condiciona lo colectivo en vistas de encontrar una solución común.
-La política no es solo juego. El modelo económico teoría de los juegos inspira esta concepción, donde todo individuo busca maximizar sus preferencias individuales, pero la política no está motivada a preferencias individuales, sino también de segundo orden, no divisibles y alturistas. Las motivaciones son mas identidades, requieren un método interpretativo para conocerlas. Además, tomada como un juego, se omite la importancia de la interacción estratégica y la comunicación.
- La política no es solo asignación. La política no solamente decide en aspectos materiales, sino seria algo asi como la teoría de los juegos que vimos que no sirve para definir política.
-La política no está limitada a la autoridad institucional. Esta concepción supone que quienes están sujetos a la política la aprueban a cierto nivel. La política constatada bajo términos de dominación, imposición, y aquiescencia, cada cual tiene distintas razones para obedecer. Algunas definiciones conciben a la autoridad como un tipo mas de relación política posible, pero no se fundamenta todo allí. Además se suele vincular a la autoridad con el Estado y este solo es una clase de espacio institucional mas para que se lleve a cabo la autoridad. También hay en iglesias, empresas, o en la familia.
-La política no es coextensiva al poder.
-La política no es coextensiva al conflicto.
-No puede definirse en terminos teleológicos.
Warren DEFINE LA POLITICA desde el conflicto (por ejemplo, para el la guerra es la continuación de la política por otros medios).
Conflicto : La política constituye un subconjunto de relaciones sociales sujetas a presiones.
Poder: La política implica relaciones sociales en las cuales una de las partes pretende resolver un problema recurriendo al poder, que es lo que permite decidir por otros mediante control sobre medios de poder.
Uniendo ambas definiciones,
La POLITICA es el subconjunto de relaciones sociales sujetas a la presión, caracterizadas por el conflicto, para asociarse con vistas a la acción colectiva en un contexto de conflicto respecto de los fines, los medios o el ámbito de la acción colectiva y al menos una de las partes recurre al poder para condicionar la voluntad de los demás (acciones, decisiones, normas organizaciones) y asi sancionar decisiones abarcativas.
El ámbito de la política.
RELACIONES
VOLUNTARIAS
RELACIONES BASADAS EN EL PODER
Relaciones basadas en el consenso, la fuerza de la conversación el afecto, solidaridad intimidad y modos de vida.CULTURAL
Control sobre medios interpretativos de la identidad. Se da en iglesia, medios, familia, educación.
ECONOMICO
Control sobre los medios materiales de vida. Se da en el marco del mercado y las empresas.
COERCITIVO
Control sobre los medios de la violencia. Las instituciones fundamentales son las estatales.
CONFLICTOHAYNo político (no se llega al consenso, huida del conflicto).Dominio de la política (relaciones de poder disputadas)
Politica de genero, religión, identidad, estatus.Politica laboral, distribución de la riqueza.Politica estatal.
NO HAYNo político (se llega al consenso, se guía la acción colectiva)Politicas suprimidas. Rutinas y relaciones de poder no cuestionadas a causa de una hegemonía o vulnerabilidad.
Maquiavelo resalta el “vivir político” libre civil.
Hay un vinculo político entre guerra – política - democracia. Por ejemplo, en Atenas el ciudadano pobre es importante desde el punto de vista militar.
La DEMOCRACIA implica :
-Diferenciar poder económico, cultural y cohersitivo.
-Igualación de poder: si hay poca igualdad será mas difícil gobernar. Si se da poder cultural mediante la educación difundida, el acceso a fuentes de información, libertad de expresión y reconocimiento de minorías. Si se da poder económico, acceso a medios de producción. Si se da poder cohersitivo hay que garantizar mas acceso y respuesta a instituciones estatales.

Bobbio, política:
Política: actividad (La polis puede ser sujeto u objeto de esta) k tiene como de referencia al estado y su fin mínimo es el orden público en las relaciones internas y la defensa de la integridad nacional en las relaciones de un estado con otros estados. Antes su definición era prescriptiva (como con Aristóteles), y después era la búsqueda del poder por el poder, pero entonces no tenía sentido la política. El campo de origen y de aplicación de la política es el antagonismo y su función es asociar y defender a los amigos y combatir a los enemigos. Los conflictos políticos son de gran intensidad y en última instancia solo se pueden resolver con la violencia. El ámbito político es restrictivo del social. La moral (importa la pureza de las intenciones y la coherencia de la acción con la intención) es diferente de la política (importa la certeza y fecundidad del resultado), son dos universos éticos k se mueven según principios distintos. La ética de convicción juzga las acciones individuales, mientras k la de responsabilidad justifica las de un grupo o cumplidas por uno en nombre y por cuenta del grupo. No hay necesidad de violencia individual porque basta con la colectiva, y la moral se basa en esto de la aceptación de una vivencia sostenida sobre la práctica continua de la violencia colectiva, por lo que condena la violencia individual. La política es la razón del estado y la moral de individuo.
Poder: tipo de relación entre sujetos y posesión de los medios (dominio sobre los hombres y la naturaleza) k permiten conseguir una ventaja.
Formas modernas de poder: crean una sociedad de desiguales. Están el: económico (usa la posesión de ciertos bienes en una situación de escasez para inducir a los k no los tienen a tener cierta conducta, en especial cierto tipo de trabajo. Ej.: poseer medios de producción). Ideológico (se basa en las influencias que las ideas formuladas de cierta manera, en ciertas circunstancias, por una persona con cierta autoridad, difundidas con ciertos procedimientos, tienen sobre la conducta de los asociados). Político (posesión exclusiva del poder coactivo para impedir la desobediencia, como resultado de un proceso de monopolización, paralelo al de criminalización y penalización de los actos de violencia. Consecuencias: es exclusivo, universal e inclusivo).
Ciencia política: se diferencia en sentido amplio (saber general, sistemático, descriptivo, racional pero no técnico sobre los fenómenos políticos en general) y estricto (es más técnico, es la ciencia de la política que analiza el fenómeno político con el mayor rigor de las ciencias empíricas.) tiene aplicabilidad y es la traducción de la teoría a la práctica, a diferencia de la filosofía política. Nace en la 2ª mitad del siglo XIX. Usa el approach (modo de aproximarse al fenómeno político. Se ha pasado del punto de vista institucional al conductista) y ciertas técnicas de investigación (a las que agregó el sondeo y la entrevista. la ampliación intensiva (y extensiva) de datos a fomentado el uso de métodos cuantitativos y a los estudios de política comparada. Esto permite a la cs. Política ser mas rigorosa en el cumplimiento de las operaciones y en el logro de resultados) de las cs. Sociales. Deutsch enumera 9 especies de datos: sobre las elites, las opiniones de masa, los comportamientos de votos de los electores y los miembros del parlamento, los datos agregados obtenidos por las estadísticas, históricos, producidos por otras cs. Sociales sobre las comunicaciones, y derivados de nuevos procedimientos analíticos. Otros métodos son: el experimental, el histórico, el estadístico y el comparativo. El objetivo de las cs. Política es explicar (objetivo teórico) para prevenir (objetivo practico) un futurible (futuro posible) y no solo describir los fenómenos políticos (su objeto de estudio), teniendo en cuenta la multiplicidad de factores que interactúan. Dificultades de la cs. Política: no puede prescindir de la económica, ni de los subsistemas culturales. Como es una ciencia histórica, la experimentación es imposible. Además, tiene ciertos problemas al tener al hombre como su objeto de estudio, ya que no siempre es posible conocer sus fines de; el hombre es un ser simbólico y para conocer el hacer humano se necesita descifrarlos; el hombre es un ser ideológico y con valores del sistema cultural en el que está inserto. Las investigaciones deben objetivas, es decir sin valoración personal, y relevantes.
Ritzer, George, Teoría Sociológica Clásica:
Verstehen: comprensión, ventaja que tienen los sociólogos sobre los científicos naturistas, utilizando las herramientas de la hermenéutica. Es un procedimiento de estudio racional y una herramienta para el análisis a escala macro social.
Causalidad: probabilidad de que un acontecimiento fuera seguido de otro. Investigó esto en el dominio de la historia. Sirve para estimar el grado en que cierto efecto es favorecido por determinadas condiciones (causalidad adecuada).
Tipos ideales: instrumento conceptual. Son exageraciones unilaterales de lo esencial de lo que ocurre en el mundo real. Cuanto más exagerado mejor. Son una vara para medir, para la investigación empírica y para entender el mundo social. Son conceptos construidos lógicamente. No son ni muy generales ni muy específicos. Pueden describir entidades estáticas o dinámicas. Variedades de tipos ideales: histórico (encontrado en una época histórica dada), de la sociología general (se dan en todos los períodos históricos y en todas las sociedades), de acción (tipos de acción puros basados en las motivaciones de un actor determinado), y el estructural (se obtienen de las causas y consecuencias de la acción social).
Valores: el académico en el aula no puede expresar valores (pero es imposible) xq debe enseñar hechos, en otro lado si puede. Weber lo creía posible (relevancia valorativa): los valores debían servir solo para elegir q investigar, después se debe emplear el método científico para evitarlo; pero él sí lo empleo. Dice k las cs. Sociales y la investigación empírica puede ayudar a la gente a elegir un significado apropiado para un fin, pero no ayudarlo a elegir ese fin en vez de otro.
Sociología sustantiva: su trabajo se sitúa en los niveles a gran escala de mundo social. Adhirió al método individualista, pero admitió que es imposible eliminar totalmente la sociología de las ideas colectivas. Estas colectividades son los resultantes u los modos de organización de los actos particulares de los individuos. Creía en la microsociología. Usa metodología individualista y subjetivista. Está interesado en lo q los individuos hacen y xq; pero en la mayoría de su sociología sustantiva pone énfasis en las grandes estructuras. Sociología: ciencia a la k compete la comprensión interpretativa de la acción social en términos de su significado subjetivo y la explicación causal de su curso y sus consecuencias, y debe usar la comprensión interpretativa (Verstehen).
Acción social: conducta (comportamiento automático con procesos no pensados) es distinto a acción (intervienen procesos reflexivos entre el origen el estímulo y la conclusión de la respuesta). La psicología NO es la base de la acción social. Quería centrarse en los individuos y en las pautas y regularidades de su acción. A veces hay k tratar a las colectividades como individuos, pero esas formaciones no son más q desarrollos y entrelazamientos de acciones específicas de individuos, ya que solo estas pueden ser sujetos de una acción orientada por su sentido.
Tipos ideales de acción: racionalidad con arreglo a fines (acción determinada por expectativas ene l comportamiento tanto de los objetos del mundo exterior como de otros hombres, y usa esas expectativas como medios para el logro de fines racionalmente sopesados y perseguidos); racionalidad con arreglo a valores (acción determinada por la creencia conciente en el valor ético, estético, religioso, etc. de una determinada conducta, sin relación con el resultado); acción afectiva (determinada por el estado emocional del actor); y la acción tradicional (determinada por los modos de comportamiento habituales del actor y sus costumbres). Cualquier acción implica una combinación de los 4 tipos.
Relación social: es una conducta plural, recíproca. Descansa sobre la probabilidad de que se actuará socialmente en una forma indicable. Se funda en la existencia de un sistema de normas obligatorias orientadas en función de un orden social considerado válido.

lunes, 14 de marzo de 2016

La política y lo político.

La distinción entre “la política” y “lo político” propuesta por Chantal Mouffe nos proporciona la clave para comprender el carácter conflictual que es propio de toda sociedad y será, además de uno de los elementos teóricos sobre los que construye su propuesta de una democracia radical pluralista, uno de los temas inspiradores de la crítica de Chantal Mouffe al liberalismo y al actual Zeitgeist postpolítico. Propone entender por “la política” el conjunto de prácticas correspondientes a la actividad política tradicional, mientras que “lo político” debería referirse al modo en que se instituye la sociedad. Expresada en términos heideggerianos, la política correspondería al nivel “óntico”, mientras que lo político se situaría en el nivel “ontológico”. Esta distinción —introducida en sus trabajos también por otros teóricos políticos— no ofrece, sin embargo, por sí misma, unanimidad de interpretación de lo político. Algunos conciben lo político como un espacio de libertad y deliberación pública, mientras otros lo consideran un espacio de poder, conflicto y antagonismo. Chantal Mouffe se alineará con quienes defienden esta última perspectiva: “Concibo “lo político” como la dimensión de antagonismo que considero constitutiva de las sociedades humanas, mientras que entiendo a “la política” como el conjunto de prácticas e instituciones a través de las cuales se crea un determinado orden, organizando la coexistencia humana en el contexto de la conflictividad derivada de lo político”.
El antagonismo es, pues, constitutivo de lo político, por lo que cualquier oposición, si alcanza la fuerza suficiente para agrupar a los seres humanos, puede terminar expresándose en términos de amigo / enemigo, adquiriendo entonces un carácter político. Para Chantal Mouffe el reconocimiento de la naturaleza conflictual de la política, siempre posible mediante la distinción anterior, es el punto de partida para comprender los objetivos de una política democrática: establecer la distinción nosotros / ellos de modo que sea compatible con el pluralismo. Si lo político, así entendido, pertenece a nuestra condición ontológica, habremos de reconocer su carácter inerradicable. Sin embargo, es posible “domesticar” el antagonismo de la relación amigo / enemigo y reducir-lo a una forma que no destruya la asociación política. Pero esto sólo se puede conseguir estableciendo un vínculo común entre las partes en conflicto, de modo que se reconozcan como oponentes legítimos, como adversarios, y no como enemigos irreductibles. A esta forma de relación la denomina “agonismo”.
Esta propuesta se apoya en el reconocimiento de que todo orden social es el resultado de la articulación de relaciones de poder y no un “orden natural” que fuera la expresión de una objetividad ajena a las prácticas contingentes que lo producen. De este modo, se puede constituir un orden “hegemónico” que puede ser puesto en entredicho por otras prácticas que se le oponen (antihegemónicas) orientadas a la instauración de una nueva forma de hegemonía. En este sentido, la noción de hegemonía resulta ser clave para comprender la posibilidad de un pluralismo agonístico. No se trata de eliminar el antagonismo y sustituirlo por un consenso racional (en el que los oponentes sean reducidos a meros “competidores”), ni de mantener el antagonismo bajo la forma amigo / enemigo (en el que cada uno percibe las demandas del otro como amenazantes e ilegítimas), sino de transformar el antagonismo en agonismo, de domesticarlo y reconducirlo a las formas del modelo adversarial. “La dimensión antagónica está siempre presente, es una confrontación real, pero que se desarrolla bajo condiciones reguladas por un con-junto de procedimientos democráticos aceptados por los adversarios”

Chantal Mouffe es una politóloga belga.




1- Visiten una asociación que opere en su comunidad.

2-Averigüen cuándo se fundó y cuáles son sus objetivos, quienes participan y si trabajan  de manera conjunta con las instituciones del estado o con otras asociaciones.

3-Mencionen acciones concretas que realice la asociación visitada.

4.¿Por qué se creó?









viernes, 4 de marzo de 2016

Bienvenidos!!!!!!

Ciudadanía Política es un espacio para promover la reflexión y el intercambio de ideas, y para la construcción colectiva de valores y prácticas que permitan y potencien el ejercicio de los derechos políticos que tenemos los ciudadanos que vivimos y trabajamos por la democracia.





Abajo les dejo un artículo para realizar el diagnóstico. Éxitos!!!!!!

lunes, 29 de febrero de 2016

Los jóvenes: ¿motor del cambio político y social?


En el último tiempo acapararon la escena política y tomaron relevancia en la escena pública. Qué los estimula e incentiva a involucrarse en cuestiones políticas, comunitarias y sociales en pos de construir una sociedad mejor.
En la actualidad se viene hablando del notable cambio que se produjo en la juventud en los últimos años. Los instalados prejuicios que los muestra (o mostraba) como desinteresados en la política, egoístas y descreídos resultaron funcionales durante una época en donde no se les fomentó ningún tipo de deseo por participar ni involucrarse pero que parecieran no regir más.Algo cambió. Y, consecuentemente, los políticos encontraron en esa facción etaria un gran caudal de personas con ganas de participar, deseos de transformar aquello que no les gusta  y de involucrarse desde diferentes espacios y maneras.
Un claro ejemplo de esto es que la relación entre la juventud y la política empezó a ocupar gran parte del discurso mediático, impulsada, principalmente, por el kirchnerismo, aunque también desde otros partidos políticos.
“Poco a poco, la figura del joven ha ido tomando relevancia y se tiene cada vez más en cuenta en el ámbito político, entendiéndola como un elemento de peso con el potencial de legitimar una fuerza política”, afirman los integrantes de la Asociación Civil La Flecha, una organización social que promueve la inclusión y el protagonismo juvenil a través de talleres de producción de piezas comunicacionales y creando espacios de acción comunitaria.
“Nosotros creemos que si bien la temática no estaba presente en el discurso mediático, sí había muchos jóvenes participando activamente en diversos espacios sociales, políticos y culturales. Pero a partir de algunas políticas de estado, como la Ley de Medios, que tuvieron una amplia repercusión en sectores juveniles, comenzó a visibilizarse la cantidad de  jóvenes comprometidos, no solo afines al gobierno nacional sino también en otras fuerzas políticas, organizaciones barriales y otros espacios”, sostiene Pablo Moschen, coordinador de programas en La Flecha.
“Me parece que el tema entró con fuerza a la agenda de los medios a partir de un suceso en particular que fue la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, ya que el impacto mediático que generó ver a tantos jóvenes movilizados hizo que se  visualizara algo que en realidad venía de mucho antes”, agrega.
Sin embargo, los integrantes de La Flecha creen que es importante complejizar el tema y no caer en estereotipos. Ni con el del joven fuertemente comprometido, militante aguerrido que dedica su vida a luchar por sus ideales, ni con el extremo opuesto, la imagen del joven al que no le interesa para nada la política, que no tiene proyectos ni metas y que no se preocupa por la realidad social.
A partir de una encuesta que realizó La Flecha en 2010 en la Universidad de Buenos Aires, sobre una muestra de 1.200 estudiantes, un 95% de los encuestados opinó que los jóvenes deberían participar de iniciativas sociales, políticas y comunitarias, y que es positivo hacerlo. Pero sólo un 16% de ellos manifestó participar activamente, mientras que otro 16% dijo haberlo hecho alguna vez, pero que ya no lo hace.
Con estos resultados, y para romper con esas construcciones totalizantes, llevaron a cabo un trabajo de investigación cualitativa en el cual se entrevistó a jóvenes de entre 18 y 25 años, que realizan actividades socio-comunitarias en Capital Federal en agrupaciones político partidarias, asociaciones civiles y organizaciones vinculadas a grupos religiosos.
A través de los resultados que arrojó dicho análisis, se pudo establecer que el principal motor para participar es la disconformidad con la realidad social, signada por desigualdades económicas concretas, por lo que el objetivo de las actividades que realizan está dirigido a satisfacer las necesidades básicas de poblaciones vulnerables.
Por eso en general, las actividades parecieran no apuntar a una transformación radical de las estructuras de la sociedad, sino más bien a la búsqueda de soluciones de situaciones puntuales, problemáticas de un sector, de un barrio o población determinada.
 “Los jóvenes entienden que la participación social tiene que ver con la acción colectiva. Ese 'colectivo' se entiende, en primer lugar, como pertenencia a un equipo de trabajo, a valores y objetivos compartidos entre quienes llevan a cabo la actividad socio-comunitaria. En segundo lugar, el sentido 'colectivo' tiene que ver con aquellas expresiones de acción masiva que ocurren en el espacio público, en la ‘calle’”, sostiene María Mannesi, coordinadora de proyectos de La Flecha.
“Otra característica de la participación juvenil actual es que no necesariamente conlleva una actitud de sacrificio, sino que se percibe como una actividad placentera y de disfrute. Además de “ayudar” a un otro menos favorecido, los jóvenes aprovechan los espacios de participación para sí mismos, ya sea para sumar experiencia profesional, para aplicar conocimientos sobre aquello que están estudiando, para complementar su formación o para satisfacer sus inquietudes personales como formar parte de un grupo social o sólo pasar un buen rato”, agrega.
Entre a las últimas modificaciones que se han realizado en el sistema electoral se encuentra la del voto no obligatorio a partir de los 16 años algo que, de una u otra manera, constata y legitima este fenómeno de participación.
“Para nosotros esta reforma es positiva porque significa ampliar los derechos de los jóvenes. Además, creemos que puede ser un buen incentivo para que generar mayor participación y compromiso. A través del último trabajo de investigación, pudimos constatar que, en general, los jóvenes que participan provienen o se mueven en ámbitos que promueven estas prácticas. El voto no obligatorio a los 16 puede abrir espacios de interés, debate y propuestas para ellos”, opina Facundo Montes de Oca, director general de La Flecha.

La participación siempre es política, pero no siempre es partidaria. Es fundamental entenderla en el sentido amplio ya que además de estar agrupados en partidos políticos hay otros grupos que participan en el ámbito público y social desde asociaciones civiles, fundaciones, grupos religiosos o agrupaciones no formales. Los jóvenes no son siempre militantes de un partido pero sí militantes de causas, creencias, expectativas y deseos de una sociedad más igualitaria e inclusiva”, concluye Mannesi. 

DIAGNÓSTICO.
1-Debate.
2-¿Por qué los chicos quieren saber sobre política?
3-Citar ejemplos y opiniones de la lectura en donde ustedes participan en la vida política.
 4-Relacionándolo con la frase” Argentina está destinada a caer en una crisis económica más o menos cada década”
5-A su juicio, ¿en dónde hay que concentrar los mayores esfuerzos presupuestales?